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Sam Asghari es más que el prometido de Britney Spears

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Sam Asghari es más que el prometido de Britney Spears

Sam Asghari es un incipiente actor y entrenador personal desde hace tiempo.Sin embargo, este joven de 27 años, muy educado, guapo y simpático, es más conocido por millones de personas como el prometido de una mujer de 39 años que fue, durante años, la estrella del pop más grande del mundo, y cuyo control sobre su vida personal y su patrimonio de 60 millones de dólares le fue arrebatado hace trece años y reasignado a su padre (y a un abogado designado por un tribunal para gestionar las finanzas) en un controvertido y hermético acuerdo del que ha estado intentando deshacerse a como dé lugar y de manera pública; una mujer que durante años ha sido fotografiada en compañía de ningún adulto más que Asghari, y a la que este se negó a mencionar, por su nombre o siquiera por referencia implícita, como condición para conceder una entrevista.

Que la famosísima prometida de Asghari, Britney Spears, esté comprometida con él es uno de los pocos detalles de su vida privada que son de dominio público. Ambos han dicho en entrevistas que se conocieron en 2016, cuando él apareció en el video musical del sencillo de Spears “Slumber Party” (que cuenta con una participación especial de Tinashe), en el papel de observador contemplativo mientras ella se arrastra por una mesa de banquete para lamer lo que parece ser leche derramada.

Desde entonces, la pareja se ha mostrado junta en numerosas ocasiones en sus cuentas de Instagram, por lo general practicando alguna actividad física, relajándose en un lugar vacacional soleado, haciendo un gesto a la cámara a corta distancia o una combinación de las tres cosas. La pareja anunció su compromiso en Instagram en septiembre (él con una foto; ella con una recopilación de clips en los que mostraba su anillo de diamantes a la cámara).

No obstante, los detalles relativos a prácticamente todos los demás aspectos de la vida de la prometida de Asghari solo los conocen las personas que tienen acceso a los registros judiciales confidenciales relativos a la tutela que regía su existencia desde 2008, y que fue rescindida por un juez esta semana. Desde luego, su relación con Asghari surgió dentro de los parámetros de este artilugio legal, cuyos términos se ocultan tan minuciosamente que, durante más de una década, las personas ajenas a ella solo podían adivinar cómo alguien de su círculo, y mucho menos ella misma, se sentía al respecto.

Entonces Asghari habló. El 9 de febrero de 2021, publicó una historia de Instagram —una publicación temporal que desaparece tras 24 horas— con un texto que decía: “No tengo ningún respeto por alguien que intenta controlar nuestra relación y nos pone obstáculos constantemente”. El blanco aparente de su ira era el padre de su novia, custodio de su patrimonio, al que Asghari se refería por su nombre en el mismo mensaje, con una grosería.

El hecho de que Asghari violara el presunto código de silencio que amordazaba la discusión, o incluso el reconocimiento, de la existencia de la tutela por parte de cualquier persona a la que afectara directamente, dejó a los espectadores con ganas de saber más de él.

 

Un viernes de octubre, Asghari llegó a un lugar acordado en el centro de Los Ángeles para una sesión de fotos y una entrevista de una hora, y se reunió con su publicista, Brandon Cohen (reticente; camiseta negra; a menudo con el teléfono pegado a la oreja), y con su director creativo, llamado Maxi (locuaz; traje rosa a cuadros; a menudo en todas partes).

En la conversación, Asghari —que se trasladó a California desde Irán a los 12 años para vivir con su padre, que había emigrado siete años antes— se mostró agradable. Se resistía a expresar descontento de cualquier tipo, sobre cualquier cosa, o a reconocer cualquier familiaridad con ese estado.

Cuando le preguntamos a qué aspecto de la vida cotidiana le costó más adaptarse después de dejar a su madre y sus hermanas en Teherán cuando era adolescente, para viajar a un país extranjero cuyo idioma no hablaba, para vivir con un padre al que no había visto desde los 4 años, Asghari respondió: “Para ser sincero, para mí no fue difícil en absoluto. Me resultó fácil”.

Cuando le pedimos que mencionara el peor trabajo que había tenido, Asghari, que dijo que su trabajo previo a la actuación incluyó un periodo en Best Buy y enrollando sushi para fiestas de quinceañeras, afirmó que cada trabajo era tan agradable como el anterior porque encuentra “la felicidad en cada trabajo”.

Cuando le pedimos que clasificara sus esfuerzos laborales por orden de prioridad, Asghari explicó que da prioridad a todo en la vida por igual, incluso cuando se aleja de ella, como ha hecho con su carrera en el entrenamiento personal. Al preguntarle a cuál de sus tres hermanas mayores está más unido, Asghari respondió: “Estoy más unido a todas”.

Y cuando le preguntamos, sin rodeos, “¿Cuál es tu trabajo?”. Asghari respondió sin dudarlo: “Soy plomero”.

Aunque lo exhibió con moderación, Asghari tiene una auténtica habilidad para el humor inexpresivo. El efecto se ve reforzado por sus cincelados rasgos faciales, que no sugieren al instante una capacidad para la comedia; por su seriedad a prueba de golpes, que hace que uno no vea venir sus bromas; y por el hecho de que todo lo que dice lo expresa con el mismo tono tranquilo.

Aunque el humor inexpresivo puede ser a menudo cruel —una forma de dejar a un hombre recto retorciéndose en el viento—, Asghari no es así. Sus respuestas frívolas van seguidas rápida, e invariablemente, de respuestas genuinas.

“Mi trabajo, en este momento, es la actuación”, aclaró.

Una de las interpretaciones de Asghari que más se ha visto en su carrera —aunque no lo parezca— fue la de un personaje acreditado como “Sexy Santa” en un episodio de la serie de HBO Max de 2021, “Hacks”.Apareció en una sola escena, frente a Jean Smart.

“Por supuesto que actuar no es solo rodar programas de televisión y películas”, comentó Asghari. “La coreografía de las escenas de riesgo, el entrenamiento, las audiciones... forman parte de ello. Así que es un trabajo a tiempo completo”. (Para su propio entretenimiento, Asghari aclaró que ve “las actuaciones, no programas”. Cuando le pedimos que nombrara una actuación que hubiera visto hace poco, Asghari recordó: “Hugh Jackman. Veo fragmentos de películas donde él actúa. También veo a Jason Statham, videos de él actuando”).

Aunque sus publicaciones en las redes sociales suelen mostrarlo en plena búsqueda de la aptitud física, Asghari describió el entrenamiento personal como su “trabajo de mesero”, es decir, un trabajo que un aspirante a actor conserva hasta que puede mantenerse con la actuación.

Pero mientras reorienta su trayectoria profesional, Asghari sigue vinculado a un servicio de suscripción de entrenamiento personal en línea, Asghari Fitness, que, según dijo, tiene casi mil suscriptores.

Por 9 dólares a la semana, los suscriptores tienen acceso a videoclips en los que un hombre, a veces, pero no siempre Asghari, demuestra ejercicios como la “sentadilla búlgara dividida” y los “buenos días con mancuernas”, junto con un programa de entrenamiento sugerido.

Los suscriptores también reciben un plan de alimentación que contiene las recetas de hasta tres comidas y tres tentempiés al día.

Asghari mencionó que Asghari Fitness “siempre va a mejorar”, que “es muy exclusivo” y que “no es algo que esté impulsando, ni espero ganar millones de dólares con ello”.

Participar en un episodio en una temporada de un programa en HBO Max tampoco “paga tus recibos”, opinó Asghari. “Si estás en tres o cuatro películas diferentes, sí, eso paga las cuentas”.

Nada de esto explica del todo cómo paga Asghari sus cuentas, o cuáles son.

“Mis mayores gastos son los de mi carrera”, declaró, citando el entrenamiento de las escenas de riesgo y de actuación como costos específicos. “Eso es en lo que gasto el dinero”.

El equipo de Asghari

Si Asghari es el corazón del negocio de Sam Asghari, Maxi y Cohen son las palpitaciones. Maxi interrumpió la entrevista para felicitarlo por cómo iba; para coger un panecillo que había olvidado; para sugerirle a Asghari respuestas a varias preguntas, con algunas de las cuales este no estaba de acuerdo; para comerse el panecillo; para anunciar a los 15 minutos de la entrevista que quedaban 10 minutos (quedaban 45 minutos); para pedirle a Asghari que se volviera a poner unos pantalones de mezclilla que le había pedido que se cambiara; para agradecer todo lo que la entrevista le estaba revelando sobre Asghari; declarar, mientras pintaba suaves curvas de emoliente verde en la cara de Asghari: “No necesita maquillaje”; aconsejar que el artículo resultante de la entrevista se titulase “El protagonista de la película de Mel Gibson” (Asghari está rodando actualmente una película con Gibson); ponerse delante de Asghari y, mientras el entrevistado estaba en medio de una frase, mojarle los labios con una mascarilla para párpados que decía Baby Phat Pink Rose Gold Glitter Hydrogel; intervenir con comentarios rápidos y luego decir “borrar, borrar, borrar”.

Asghari parecía habituado a las interrupciones repentinas. Después de cada interrupción, recuperaba el hilo de sus pensamientos con la misma despreocupación con la que un pájaro cantor arrastrado por la tormenta recupera su ruta migratoria hacia el trópico.

Asghari conoció a Maxi hace ocho años, “en la casa de alguien que estaba de visita”, señaló Maxi. Asghari trabajaba entonces como entrenador personal.

“Y entonces conocí a Sam y le dije: ‘¡Ah, eres el próximo Superman!’”, exclamó Maxi, hablando a la velocidad de los cubitos de hielo que se muelen para el café helado. “Le conseguí un agente, le conseguí todo eso”.

Que “empezara a actuar fue una sugerencia de Maxi”, dijo Asghari.

Cohen, por su parte, contactó por primera vez a Asghari hace seis años por Facebook Messenger.

“Tuve la sensación de que, si empezaba a trabajar con él y a representarlo podría conseguirle grandes oportunidades y hacer que su carrera partiera de la nada hasta llegar a donde está hoy”, comentó. “Solo tuve una intuición y una sensación visceral. Y como representante, a veces simplemente miras a alguien y ves...”

“¿Ves cómo ha pasado de “nada” a “donde está hoy”?”, Maxi murmuró a Asghari. Ambos se rieron. “Es como si dijera: ‘tomé un pedazo de barro...’”.

“¡No!”, dijo Cohen, en señal de protesta.

Cohen relató que Asghari le colgó durante su primera llamada programada. “Así que volví a llamar, como siempre hago”, relató. “Seguí llamando y siendo persistente y estando ahí”.

“Y así, desde entonces, trabajamos juntos”.

El destino de Asghari

No hay duda de que Asghari tiene un equipo con un deseo ferviente y urgente de que él tenga éxito. Pero su enfoque práctico y su gestión protectora de la vida de su cliente adulto crearon un velo a través del cual Asghari permaneció en gran medida indiscernible.

Aunque las responsabilidades exactas de Maxi y Cohen en relación con Asghari, y entre ellos, no eran evidentes, lo que sí era obvio es que, trabajando de forma conjunta, aunque a veces también desde posiciones contrarias, estos dos administradores de la carrera de Asghari crearon juntos una ansiosa realidad alternativa sentida con tanto poder por ellos que suplantó de manera intermitente la realidad para todos los que estaban cerca.

 

Según las conjeturas de su publicista y director creativo, Asghari ha estado, durante casi una década, en camino de ser el próximo Superman. La tan esperada atención de la que por fin es objeto resulta totalmente atribuible a su talento interpretativo, su ética de trabajo y su humildad. El hecho de que Asghari se haya comprometido con una de las personas más famosas del mundo es irrelevante. El estrellato de Asghari no depende —no debe depender en absoluto— de su conexión con ella.

Diez días después de que la pareja anunciara su compromiso, un abogado de la prometida de Asghari citó sus planes de firmar un acuerdo prenupcial con Asghari —un proceso en el que el tutor financiero de la prometida desempeñaría un papel importante— como una razón más para que su padre fuera suspendido como tutor. Aunque el tribunal accedió a la petición, se programaron otras audiencias para determinar el futuro control sobre su vida y sus finanzas.

El viernes, en la primera de esas audiencias, un juez puso fin a la tutela, con efecto inmediato.

Asghari, por supuesto, no ha estado sujeto a ninguna restricción legal sobre cómo —y con quién— puede gastar su dinero y su tiempo.

Resplandeciente bajo la luz del sol de octubre, Asghari le ofreció a Maxi su iPhone agrietado. Estaba deseando reproducir un video de su último entrenamiento de escenas de riesgo.

“Ahora mismo me importa más tu rodaje”, respondió Maxi sin mirar, decidido a que Asghari alcance los sueños que él tiene… para Asghari”. “Tenemos que lograrlo”.

Asghari bajó el teléfono, sin inmutarse. Siguiendo las instrucciones, se metió en la vegetación ornamental del exterior de un edificio municipal cercano y comenzó a posar.

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